#LoQueSeMeVieneALaMente

Oct 21

lafranjaestuya:

Paula Salas y Joaquín Cociña (Santiago)

Manda tu foto a http://lafranjaestuya.cl/ a ver si sales en la #FranjaDe4Segundos ;)

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Paula Salas y Joaquín Cociña (Santiago)

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(Source: lafranjaestuya)

May 24

Ya llegará el momento cuando la discusión del matrimonio igualitario quede atrás, de esta manera… 

Ya llegará el momento cuando la discusión del matrimonio igualitario quede atrás, de esta manera… 

(via mumschile)

May 20

“En Mayo de 1968 en Francia, los estudiantes radicales precipitaron una revuelta estudiantil que condujo a una huelga obrera general. Todo ello acabó en los acuerdos de Grenelle que decretaron un 13 por ciento de incremento en todos los salarios. Así, los trabajadores que ganaban 80 libras al mes recibieron 10 más, mientras que los ejecutivos que ganaban 800 libras mensuales recibieron 100 más. Los Radicales se sintieron amargamente engañados; en su opinión, esta medida aumentó considerablemente la desigualdad de la renta. Sin embargo, esta solución al conflicto hubiera dejado invariable cualquier índice de desigualdad relativa … En otros países, …, los sindicatos son más astutos y, en lugar de incrementos relativos, insisten a menudo en incrementos absolutos para evitar el efecto anterior.” — Serge-Christophe Kolm, 1976, sobre la gran diferencia entre medir desigualdad relativa y absoluta.

Apr 17

Presentación del libro “El país que soñamos” de @OscarContardo

Me tomé la libertad de copiar el texto de @OscarContardo en la presentación del libro “El país que soñamos” y compartirlo por acá. 

Intenté ocultar la emoción que me embargó al escuchar sus palabras… Muchas gracias por compartirlas.

Buenas tardes, yo soy El Reemplazante, estoy en lugar de Fernando Paulsen quien está enfermo y estoy aquí porque leí el libro, porque conozco a Jackson, a su madre –la admirable Carmen Gloria Drago- a su padre, a sus hermanas e incluso a una de sus abuelas. Los conocí trabajando y les creí.

Acepté la invitación a presentar El País que Soñamos porque yo no tengo sueños, no sé si alguna vez los tuve, mi generación no solía tenerlos porque eran incómodos y estaban confundidos con la rabia, el desaliento y el escepticismo. Quizás por eso el título El País Que Soñamos me parece una sentencia demasiado alegre, en ese borde incómodo que te lleva a la esperanza, que es algo peligroso, como las adicciones y la juventud.  Y justamente por eso, porque no tengo sueños, me gusta tanto escuchar a los que sí los han tenido. Una vez, hace 21 años escuché a alguien contarme el suyo. Su nombre era Roberto y era parte de un grupo de alumnos reintegrados a la Universidad de Chile. Hombres y mujeres que habían sido expulsados de sus carreras luego del Golpe y que volvían gracias a un programa especial de convalidación.  

Roberto debía tener mi edad actual pero lucía mayor. Llevaba bigotes, estaba algo calvo y tenía un ojo sin vida que parecía mirar fijo un horizonte inexistente.  Parecía llevar a cuestas su pasado con  una resignación elegante y humilde. Un día en la cafetería de la escuela de periodismo conversamos. El lugar podía ser descrito como un sitio esperpéntico tal como los tiempos que se vivían a inicios de los 90: la cafetería eran un par de habitaciones subterráneas en una casa que en algún momento ocupó la Dina como cuartel de operaciones. El edificio estaba adaptado con esa demencial lógica de las casas de seguridad.Así había permanecido incluso después de transformarse en la escuela de periodismo, o escuela de lobotomía como la bautizó un compañero. Almorzamos con Roberto, cada uno con su bandejita celeste de comida desabrida y yo pregunté,como suelo hacerlo, y puse la cara que suelo poner, y me fijé en el rostro como casi siempre lo hago y funcionó: Me habló. Habló mucho. Habló de su padre obrero, de su vida de pobre en Concepción, del feroz envalentonamiento al que sucumbió como joven estudiante secundario. Me habló del MIR, de los cupos universitarios para hijos de obreros, de cómo logró uno para él, me contó de su viaje a Santiago, del comienzo de sus días como estudiante en el otoño de 1973.En seguida, como si el giro de una película se transformara en una fractura expuesta, me contó de las detenciones, de las torturas, me explicó cómo había perdido el ojo derecho,  las razones por las que le dolía la espalda, la pierna y las pesadillas. Todo eso me dijo en una habitación en la que alguna vez, hacía no mucho tiempo, había estado bajo la sombra del Mamo Contreras. Su relato, la situación, el ambiente, era como una metáfora pequeña y sutil de la transición que se había iniciado. No recuerdo si le pregunté cómo sobrevivió o por qué se quedó en Chile. Luego me habló de sus hijos, de sus trabajos esporádicos. Me habló y yo escuché. Tiempo después Roberto abandonó la universidad. Su cabeza no era la misma, ni la memoria, ni los tiempos que corrían como para que él lograr cursar la carrera. Tenía una familia que mantener, unos hijos que seguramente querrían su propia oportunidad. Para Roberto  volver a la universidad no había pasado de ser un gesto, una visita a un pasado que no podía ser presente. Nunca volví a ver a ese compañero. Alguien me contó años después que se lo encontró vendiendo algo –golosinas tal vez- arriba de una micro. Tengo la sensación de que quisimos olvidarlo.

Hablo de Roberto y de los sueños porque fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando hoy al mediodía Giorgio me llamó para reemplazar a Fernando Paulsen. Yo le dije con inusual modestia que para efectos de la presentación llamarme a mí en lugar de a Paulsen era pasar de la primera división de los rostros a la cuarta división del periodismo escrito que nadie lee. Él me respondió que lo tenía claro, pero que la vida en ocasiones es injusta.

El país que Soñamos es un libro con el murmullo de una generación que no es la mía, de un entusiasmo que no tuve, de un mundo que no viví, de una libertad que a mi sencillamente no me tocó. Es un libro que en lugar de utilizar mi habitual motivación para escribir –la venganza-se alimenta de propuestas, de ideas pulcras, luminosas, explicadas con la simpleza de quien defiende una causa, la encabeza y cree en ella no solamente porque la juzga razonable, sino porque tiene la convicción de que es lo justo, de que si esas ideas se defienden, difunden y ponen en marcha habrá cambios y esos cambios serán buenos.

El País que Soñamos arranca desmontando la idea de libertad imperante, la de elegir qué comprar y cuando hacerlo, y cómo la extensión de esa idea ha ido carcomiendo con especial diligencia las relaciones entre ciudadanos, la manera en que la promesa de prosperidad ha acabado por transformarse en un espejismo rodeado de relaciones de abuso y rutinas sumergidas en la frustración.  La vida como una sucesiva y diaria fila para pagar las deudas, las cuentas, las cuotas del crédito que financiará el pago de otros créditos.

El movimiento estudiantil de 2011 surgió en ese paraje de satisfacción fingida y Giorgio Jackson relata la manera en que el descontento que enarbolaron fue cobrando sentido para unos pocos –dentro de la universidad- y luego para muchos a lo largo de Chile. Es un libro que recuerda, relata y propone.  Comenta la pequeña historia de una negociación con el gobierno que nunca fue tal y que parecía más bien un diálogo absurdo en el que la contraparte no entendía la lengua del otro y no hacía esfuerzos por aprenderla. Relata las decisiones, triunfos y sobresaltos dentro de la propia  Confech y las horas de crisis en medio de asambleas de ánimos caldeados y estudiantes ansiosos por encontrar un traidor y ajusticiarlo como prueba de fuerza. El país que Soñamos relata las estrategias para lograr el apoyo al movimiento de los privilegiados por el sistema aquella criatura curiosa y folclórica representada por el cuicoabajista y las tensiones que existían con una oposición que contemplaba el fenómeno sin atreverse a tomar partido. En el relato surge como un conglomerado con una interrogante que a lo Hamlet repite: ¿ser o no ser? ¿de qué lado estamos? ¿cómo vamos nosotros en esta partida? Ese parecía ser el zumbido de fondo concertacionista según lo describe Jackson.

En esta historia hay protagonistas y antagonistas, están todos: Está la chica comunista desconocida que se transformó en ícono mundial, está un ministro con intereses creados que enmudece en un programa de televisión, una senadora designada con el encanto de cruella de ville, un coro de jóvenes que instala un verbo–lucrar- y lo convierte en una consigna, están los perplejos, los entusiastas,los desesperados y los convidados de piedra. Están también los momentos de crisis y las equivocaciones que no se esconden, se publican, como asimismo las disculpas por los errores. Pero por sobre todo está la muchedumbre en las calles de un año que a mí se me hizo inolvidable, como el recuerdo de los sueños rotos de Roberto –aquel hijo de obrero del que nunca más supe- y el de otros tantos de la generación a la que pertenezco, la que creció con más resignación que esperanza. 

Jan 04

“"No hay que dejarse estafar por las universidades privadas, hay que tener cuidado de que no nos roben. Esas llamadas son muy parecidas a la que los delincuentes hacen desde la cárcel. Esa es la homologación que hago".” — José Soto sobre llamadas de planteles privados para ofrecer becas http://www.latercera.com/noticia/educacion/2013/01/657-501610-9-ex-lideres-estudiantiles-logran-sobre-800-puntos-en-psu.shtml

Sep 24

“Si ponemos tanto énfasis en discriminar todo aquello que no corresponde al gobierno, ¿no deberíamos ser igualmente estrictos en la identificación de todo lo que no corresponde a la empresa? Tomemos los periódicos, por ejemplo. ¿Hay alguna sociedad democrática que pueda permitirse tener todos los periódicos en el sector privado, especialmente cuando están concentrados en unas pocas manos, que pueden ejercer una gran influencia política si así lo desean?…"
“No olvidemos que la finalidad de la democracia es un pueblo libre, no instituciones libres. En resumen, deberíamos examinar con cuidado el grado de equilibrio de nuestras sociedades hoy, antes de que el capitalismo triunfe de verdad.” — Gestionar el gobierno, gobernar la gestión - Henry Mintzberg

(Source: si.easp.es)

Sep 20

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.” — Bertolt Brecht

Aug 18

movilizatechile:

“Q.E.P.D. La Educación Muerta por el Lucro”

movilizatechile:

“Q.E.P.D. La Educación Muerta por el Lucro”

Aug 08

De otro planeta… ¿No tengo que pagar por la educación de su hijo?

Anoche leí esta columna en el Mostrador, escrita por @tere_marinovic. Le dejé el siguiente comentario y lo comparto porque a veces perdemos la capacidad de asombro.

No se si valga la pena comentar una columna tan triste, pero ya perdí mi tiempo leyéndola así que creo merezco dejar este comentario.

Primero, se equivoca en catalogar los impuestos y los derechos garantizados por el Estado como “ayuda”, puesto que no lo son. Son exactamente aquello que usted rehúsa, OBLIGACIONES. Segundo, porque precisamente la “culpa” o responsabilidad de que nuestras políticas e instituciones estén como estén, ciertamente es mayor en aquéllos que tienen posiciones de poder o dominación mayor.

Pero más allá de los errores formales, lo que demuestra usted es un individualismo que supera todo límite. Una incapacidad de vivir en comunidad que asombra. Me hace confirmar que algunos seres humanos creen en la ley de la selva y que -por ende- son menos cosas las que nos distancian de los primates u otros mamíferos.

Mi gran esperanza es lo que usted afirma en su columna, que deben ser muy pocas personas las que piensen como usted.

Ah, por cierto, otro “pequeño” error es que pasa por alto un un par de documentos internacionales que costaron años -y sangre- construir, como LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO!!! 
 

Jun 26

El nuevo país de la OECD, no es Chile, es #Lucrania

El nuevo país de la OECD, no es Chile, es #Lucrania